La ropa recién lavada tiende a mezclarse con el resto del armario si no tiene un lugar propio, y encontrar justo lo que se necesita para el día siguiente se convierte en una pequeña búsqueda cada mañana.
Una cesta fija, dedicada solo a la ropa limpia que se va a usar al día siguiente, resuelve este problema con facilidad. Basta con colocar allí las prendas ya elegidas, para que estén listas sin mezclarse con el resto.
Un lugar propio para lo que hace falta
Lo más práctico es colocar la ropa en esta cesta en cuanto está doblada o seca, en lugar de guardarla directamente en el armario junto con todo lo demás. Así se evita tener que buscarla más tarde entre el resto de prendas.
Con la cesta ya preparada, coger la ropa por la mañana se convierte en un gesto rápido, sin necesidad de abrir cajones ni revisar perchas. Todo lo necesario está ya reunido en un mismo sitio, listo para usar.
Es importante vaciar la cesta cada mañana al vestirse, en lugar de dejar que se acumule ropa de varios días sin usar. Una cesta que se vacía a diario cumple mucho mejor su función que una que termina llena de prendas mezcladas de distintos momentos.
Si hay varios niños que comparten habitación, tener una cesta distinta para cada uno evita confusiones sobre qué prenda pertenece a quién. Así, cada niño puede coger su propia ropa sin tener que rebuscar entre la de sus hermanos.
Esta pequeña costumbre evita que la ropa limpia se pierda entre el resto del armario, y hace que vestirse por la mañana sea un paso mucho más sencillo. Basta con mirar dentro de la cesta para encontrar justo lo que hace falta.